Una mirada al mundo de las letras us

La misteriosa llama de la reina Loana





 

La Misteriosa Llama de la Reina Loana.
 
 

 
 
Umberto Eco.
 
 

 
 
Editorial Lumen.
 
 

 
 

 
 
I
 
 
Este es, por mucho, el libro más aburrido que he leído en los últimos diez años. Debo admitir que lo compré pensando en los grandes momentos que disfruté leyendo El nombre de la rosa, en cuyas páginas me sumergí a profundidad en el río revuelto de la historia medieval, de la mano de Guillermo de Baskerville y su inseparable Adso de Melk; pero resultó extremadamente decepcionante adentrarse en la lectura de La misteriosa llama de la Reina Loana. Podría decirse que entre ambas novelas hay un enorme abismo insalvable: el abismo del aburrimiento. Umberto Eco se empeña con esta novela en mostrarse como un gran erudito, un hombre con un C.I. elevadísimo, muy por encima del intelectual promedio, pero a pesar de todo ese esfuerzo, o quizás como resultado del mismo, nos presenta una historia estática, sin acción y, por tanto, sin emoción. 
 
 
II
 
 

 
 
Giambattista Bodoni, el protagonista de esta historia, un día amanece padeciendo una amnesia selectiva que , a pesar de que le permite recordar algunos hechos hechos históricos, no le permite recordar detalles de su misma vida. Inicia entonces un largo camino de recuperación para intentar recuperarse, desplazándose para ello a su pueblo de origen, Solara. En su vieja casa descubre libros y muchos objetos de su infancia con los que irá reconstruyendo su pasado poco a poco, descubriéndole al lector a través de esos detalles un pasado lejano y personal, así como también sus vivencias en momentos caóticos de la Historia, como la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. 
 
 
Pese a todo el entramado que imagina Eco, su argumento se vuelve cansino y monótono, y se pierde en largas y aburridas disquisiciones que sumergen al lector en una inacción insoportable, que ni siquiera permite que el lector se identifique con el protagonista ni, mucho menos, con su historia.
 
 
Los personajes son escasos, aportan muy poco a la historia y pertenecen, casi todos, al mundo pasado del protagonista, lo que vuelve más lenta la narración. 
 
 
Se le debe reconocer a Eco su sutileza al evocar algunos hechos históricos como la Segunda Guerra, sus menciones a viejos personajes (reales algunos, como Salgari; ficticios otros, como el famoso Sandokán del mismo Salgari, o algunos personajes de historietas o cómics) y el uso de hermosas láminas ilustrativas.
 
 
Por lo demás, lo más que podemos hacer es advertirle que si usted decide leerlo, será bajo su propio riesgo.
 

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