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Los hombres que no amaban a las mujeres


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LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES. 

STIEG LARSSON, SUECO.

EDITORIAL DESTINO, 2008

TRADUCCIÓN

I

De Stieg Larsson (1954-2004), autor sueco considerado en su momento una revelación en Europa, nos
 llega con un apabullante éxito en ventas la novela Los hombres que no amaban a las mujeres , protagonizada por una joven pirata informática, Lisbeth Salander, y un periodista, Mikael Blomkvist, editor y cofundador de la revista liberal que sirve para denominar la trilogía, Millennium. 

Antes que todo considero necesario e interesante comentar un poco sobre aspectos biográficos del creador.

Stieg Larsson, cuyo nombre completo es Karl Stig-Erland Larsson (Skelleftehamn, 1954-Estocolmo, 2004), fue un periodista y escritor secreto comprometido desde su juventud en la lucha contra el racismo y la extrema derecha en su país, Suecia. Publicó varias investigaciones en el ámbito periodístico sobre las relaciones entre los grupos suecos próximos al nazismo y el poder político y económico. Militó en la Liga Comunista de Trabajadores, y en 1995 fue uno de los fundadores de la revista Expo, de la que llegó a ser director a partir de 1999. Sus tres novelas terminadas ( Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y La reina en el palacio de las corrientes de aire ) empezó a escribirlas por la noche, casi en secreto, y no llegó a verlas publicadas nunca ni a saber nada del enorme éxito que, al poco de salir a la luz, alcanzaban en muchos países europeos. Murió de un repentino ataque al corazón en el 2004. Según la influyente REVISTA ELECTRÓNICA FRANCESA, lo mismo que un amplio sector de la crítica europea, es hoy una “figura legendaria, cuyo extraordinario genio literario ha creado una de las obras literarias más importantes del siglo XXI (sic)... Las tres novelas constituyen un auténtico fresco de la sociedad moderna que no puede compararse a lo que ningún escritor de novela criminal ha hecho nunca antes”.

II

Confieso que en un principio asumí su lectura con cierta desconfianza, sobre todo porque el título me pareció poco imaginativo y hasta torpe, y que realmente la leí por insistencia de una amiga alemana que quedó fascinada con su lectura. Pero lo cierto es que una vez ya sumergido en la historia que cuenta Larsson es inevitable quedar atrapado en la misma y no pude dejarla hasta que llegué al punto y final. Así, no pude durante días desprenderme del libro, y aprovechaba cualquier momento libre para avanzar todo lo posible, y hubo ocasiones en que me dieron las dos y las tres de la madrugada leyendo, sin percatarme, todo por las inusitadas ganas de conocer cuanto antes la solución a los enigmas que plantean las páginas del periodista y narrador sueco. 

En este sentido es evidente que Larsson, gran aficionado al parecer desde su juventud a la novela negra y a los relatos de ciencia ficción, tenía una noción muy clara de todos los elementos que necesitaba para lograr un buen producto. Sabía muy bien qué quería conseguir y cómo lograrlo al sentarse a escribir sus novelas, mostrando además el ingenio suficiente y la capacidad y persistencia necesarias para mezclar hábilmente todo el engranaje de efectos y situaciones; para producir, al final, una historia agradable para muchos y muy diferentes tipos de consumidores. Ciertamente, el producto final es de buena calidad, disfrutable y hasta cierto punto inquietante. Larsson ha construido una narración en la que hay asesinatos misteriosos, gente que los investiga, gente que no quiere que se investiguen, dinero, poder, corrupción, violencia, sexo, enigmas, historias del pasado, fantasmas que regresan, política, grandes empresas, vidas destruidas..., elementos todos ellos atractivos que mezclados certeramente y presentados con la agilidad y la sencillez del buen periodismo, embaucan al lector que se acoge fácilmente, además, a la trama urdida en torno a personajes comunes a este tipo de novelas, y se emociona con la consabida lucha entre el bien y el mal.

Efecticamente, el gran mérito de esta novela es que logra embelesar al lector (simple y complejo) para que consuma con gusto y entusiasmo el plato por él cocinado, lo que desde luego no es algo fácil ni sencillo. Sin embargo no estoy de acuerdo con que sea catalogada como una pieza de talla extraordinaria ni que se diga que su autor es un genio de la literatura negra, aunque ya está muerto y no sea correcto no hablar bien de un muerto.

III

Los hombres que no amaban a las mujeres es una entretenida novela bien pensada, escrita y diseñada para el consumo de un lector no tan experto en la literatura de profundidad, ni en su análisis, o para un experto necesitado de un breve descanso. La trama de Los hombres que no amaban a las mujeres es de una artificiosa complejidad en la que se entretejen, siguiendo la estela del viejo folletín decimonónico, varios asuntos aparentemente desconectados entre sí que al final confluyen de manera un tanto forzada y, si se quiere, hasta poco creíble. Las descripciones de ambientes y paisajes son sencillamente impresionistas, simples decorados para que se desarrolle en ellos la acción; nunca alcanzan la categoría de referentes para pulso vital de la historia o para la caracterización evolutiva de los distintos personajes. En contra de lo que pudiera parecer, la acción de la historia de Larsson no está sólidamente ligada al contexto social de la vida sueca, de la que realmente muy poco se cuenta. Es una novela construida sin ironía, sin riqueza ambiental, con un único nivel discursivo, con un único y monocorde pulso narrativo, con una simple estructura narrativa en apariencia compleja por la suma de varias tramas. En estas páginas no hay sutileza en los análisis que son de una ingenua simplicidad y que no logran describir los conflictos que deberían darse entre las exigencias psicológicas y las morales planteadas. Los personajes son de principio a fin esquemáticos, monolíticos, sin maduración paulatina, y no apuntan apenas ninguna evolución interior o psicológica a lo largo de la historia; terminan más o menos como empiezan, pensando y sintiendo exactamente lo mismo, no viéndose afectados en su interior por los acontecimientos que han vivido y protagonizado, fruto de una misma y pobre naturaleza.

Podríamos decir entonces, que esta novela cumple y resulta entretenida e interesante para un lector promedio, no tan acostumbrado a leer verdaderos genios de la literatura. Una vez que se empìeza uno no quiere dejar de leer, pero una vez leída, a pesar de quedar satisfecho, no le interesa a uno saber nada más de ella. No dan ganas de releerla. Un ejemplo de que no solo en Latinoamérica hay lectores poco exigentes. El resto del mundo está lleno de ellos también.

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