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El Conde de Montecristo, A. Dumas


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El conde de Montecristo, novela de Alexandre Dumas padre, se encuadra en el género de literatura de aventura. Éste libro fue escrito junto a Auguste Maquet, aunque este no figuró como coautor de la obra debido a que Dumas pagó una elevada suma de dinero para que así fuera. Maquet colaboró en varias de las novelas de Dumas, se dice incluso que escribió obras enteras, las cuales reescribía Dumas después, aunque hay quienes insisten en que Maquet se dedicaba, básicamente, a hacer el trabajo de investigación y documentación previo. 
El Conde de Montecristo es considerado el mejor libro de Dumas, y a menudo los conocedores de la literatura universal lo incluyen entre las mejores novelas de todos los tiempos. Se terminó de escribir en 1844, y se publicó en 18 partes durante los dos años siguientes, en el Journal Des Débats.
La historia tiene lugar en Francia, y se basa en una historia real de un zapatero (François Picaud), el cual se comprometió en 1807 con una mujer muy rica, y al que cuatro amigos, por envidia y celos, acusaron ante la ley de ser espía de Inglaterra. Fue encarcelado y, durante su cautiverio, otro reo moribundo le heredó un gran tesoro escondido en Milán, Italia. Al ser liberado, el zapatero tomó posesión del tesoro heredado y se dedicó con ahínco a vengarse de quienes le denunciaron. 
La acción de la novela de Dumas se origina en Marsella (Francia), en Italia y algunas islas mediterráneas, empieza en la época de destierro de Napoleón I en Córcega, y abarca en el tiempo los reinados de Luis XVIII, Carlos X y Luis Felipe I de Francia. Su contenido gira en torno a la justicia, la venganza, la piedad y el perdón.

Resumen

La obra inicia con el regreso de un barco, "El Faraón", el cual atraca en el puerto de Marsella con Edmundo Dantés al mando, ante la muerte de su capitán, ocurrida durante la travesía.
Ante esta muerte, los propietarios del navío, representados por el señor de Morcef, declaran su intención de nombrar como capitán a Dantés, lo que provoca la reacción negativa de el jefe de carga, Danglars. Por otro lado, también despierta el odio de Fernando, catalán que pretende a Mercedes, quien le desprecia y se compromete en matrimonio con Dantés. 
En estas circunstancias, ambos rivales se alían a Caderousse, vecino de Dantés que también le envidia, y entre los tres gestan un plan y le denuncian como agente bonapartista por medio de un anónimo, el cual envían al procurador Villefort. Aunque este se convence de la inocencia de Edmundo y está a punto de dejarlo en libertad, descubre que el destinatario de la carta no es otro que su propio padre, Noirtier, un importante bonapartista.
El procurador, viendo la oportunidad para congraciarse con el rey, manda encerrar a Dantés y destruye la carta. 
Durante su cautiverio, que dura cartorce años, Dantés conoce a un monje a quien los carceleros consideran loco y este le hereda un tesoro, el cual busca al salir y se convierte en el medio de su venganza, ya que le proporciona las facilidades para realizar su plan. 
Todo esto, condimentado con una enorme dosis de aventura, intrigas y acción, no hace más que despertar y alimentar el interés del lector, aludiendo historias y personajes de Las Mil y Una Noches, insertando historias de ladrones, princesas, revoluciones, derrocamientos de reyes en diversas zonas, romance, etc. 
Esta novela fue llevada al cine por Kevin Reynolds (2002), bajo el nombre de "La venganza del Conde de Montecristo".
La historia inspiró además, la trama para una amplia variedad de novelas, como Ben-Hur, de Lew Wallace (Histórica,1880), The Stars My Destination, de Alfred Bester (Cinecia ficción, 1956), y The Stars’ Tennis Balls, de Stephen Fry (Contemporánea, 2000).
El Conde de Montecristo sigue tan vigente como cuando se publicó por primera vez en 1844, la pueba de esto la podemos encontrar en ciertos capítulos de la novela misma. Así, hay un capítulo en el que Danglars reprocha a su mujer, no que tenga un amante, sino que los manejos de ese amante lo estén arruinando, y añade sus sospechas de una conspiración para llevarlo a la quiebra. Es decir, desde aquellos tiempos, o desde antes, la llamada ‘sociedad moderna’ ha seguido fiel al culto del poder absoluto del dinero.
En otro capítulo muy curioso, Montecristo descubre que el éxito de Danglars en la especulación bursátil se debe al uso de información privilegiada, obtenida mediante el telégrafo óptico. He aquí un elemento de alta tecnología que erróneamente consideramos privativo de nuestros tiempos, porque, ya en el siglo XIX, existía una tecnología considerablemente avanzada en materia de comunicaciones. 
Así, tenemos no solo una historia muy bien contada, compleja, entretenida, divertida a veces; sino también una crítica abierta al materialismo y a la frivolidad de la sociedad de su tiempo.
Como punto negativo, algunos le han señalado su carácter de folletín novelesco, poco verosímil, aunque emocionante. 
Umberto Eco la ubica dentro de la literatura popular y la ve como un éxito comercial, a pesar de la forma en que se publicó (el hecho de haber sido publicada en prensa, por entregas, generó cierto debate sobre la calidad de la novela).
A pesar de su estilo un tanto moralista, la lectura de El Conde de Montecristo resulta agradable, entretenida y emocionante. No se puede esperar otra cosa de uno de los grandes de la literatura universal. 


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